jueves, 4 de julio de 2013

La salud del viajero

Esto de viajar siempre es duro, al menos viajando así. Nunca estando más de 3 noches en la misma cama.

Lo más duro creo, es la comida. Yo en Medellín soy estricto con mi dieta, no por mantener la línea (mentiras, obvio que si), sino por la gastritis. Por eso es importante cuidarse, comer cada 2 horas y una cantidad de frutas tremenda, que ayuda mucho a la salud.

Con eso en el viaje me ha ido terrible. Es imposible comer las seis veces que normalmente como en Medellín, tocan tres y tres pésimamente balanceadas. El desayuno, lejos de mi chocolate negro, con galletas y queso, pasó un pan y café. Por Dios, así me tome 2 litros de café al día en Colombia, nunca desayuno con café, porque es mortal para la gastritis. Bueno, llevo un mes con ése pésimo desayuno y de la gastritis ando terrible, con ganas de vomitar todo el rato.

También con la comida, si bien procuro cocinar, ya que es más barato, es terrible, al menos una vez al día come uno en la calle, con aceite que quizá no es el de la mejor calidad y quién sabe cómo sean las condiciones de salubridad, que así sean altas, un mes comiendo distinto cada 3 días es terrible para la flora intestinal. El hombre es de costumbres y mi colón no se ha acomodado a nada, menos a Buenos Aires, que la cocina no dista mucho de la que se hace en mi casa.

Pero bueno, eso es lo interesante del paseo, pero si hay coas de salud que son más mías, no de todos los viajeros. La primera fue la gripa que pesqué en Baires, por caballero y ponerme a prestar el abrigo como a 2°C. Ésta me la banqué en Buenos Aires, pero en Montevideo, después de un día dónde caminé como 25 Km me mató y me tumbó a la cama con la fiebre más horrible del mundo. Sólo me sacó de la cama ir a una farmacia, donde la señora que vendía me automedicó y me dio unas pastillas que me aliviaron.

Igual, el cuerpo siente el cansancio de dormir un mes mal, y no logra nunca conciliar más de 2 horas seguidas sin que me despierte, revise la hora, tome agua y vuelva intentar dormir. Creo que esa tranquilidad, o la falta de ésta, está representada en dormir con desconocidos tantos días seguidos. Hay que estar mosco, porque uno nunca sabe.

Ya la otra, y es la que más me está matando, es la falta de deporte. Si bien un día lo logre hacer en Baires, y fue súper genial, ahora me está haciendo mucha falta. La rodilla más mala pode a gritos gimnasio, fisioterapia; tanto es así, que la platina que tanto me molesta, y que suele cortar desde adentro en tres puntos, o sea los clavos, acá me cortó en los tres a la vez, con un dolor terrible. Yo sé cuáles son los tres puntos, pero nunca me había cortado en los tres a la vez. Cuánto dolor en la pata mala.

Igual, ya con éste avión a São Paulo se hace notable que el viaje se está acabando. En la tarde a Foz du Iguaçu, el viernes a Puerto Iguazú y el sábado en la noche, y por avión, a mi Buenos Aires querido (léase en voz de Carlos Gardel).

Ya en la última semana en Baires, algunos pendientes:
-Ir y volver a Rosario el mismo día
-Ir al zoológico de Luján
-Ir a un boli, otra vez
-Hacer el asado de despedida
-Trotar, hacer deporte; el cuerpo lo pide a gritos


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