Y en lo que se relaciona a viajar en avión, lo primero que hay que mencionar es el aeropuerto. El aeropuerto es un moridero y lejos de todo. Queda a 25 dólares o 130 pesos desde la ciudad, y adentro no hay nada. O casi nada: hay dos tiendas vendiendo souvenirs y una cafetería con precios más altas que los boliches de Buenos Aires (cerveza, 36 horas).
Además de todo, yo llegué como dos horas antes de mi vuelo al aeropuerto y no tuve literalmente nada qué hacer, sin embargo aproveché mi tiempo. Durante ese tiempo me dediqué a tocar guitarra y por ahí me inspiré y hasta escribí una canción, medio peye, pero una canción; todo, esperando en la sal desierta de espera, porque el aeropuerto apenas tiene 16 vuelos al día.
Finalmente, la espera no fue tan larga, ya que el vuelo salía en teoría a las 8:50 p.m., pero al vuelo lo adelantaron y despegamos a las 8:30 p.m. (8:15 cerraron las puertas).
En mi vida me había pasado que adelantaran un vuelo, pero no se puede poner uno bravo. E realidad lo adelantaron porque para un avión con capacidad como para 100-120 personas, sólo viajábamos 5 pasajeros; embarcados todos, despegados todos.
El avión era un Embraer y era operado por Aerolíneas Argentinas. Para mi, después de Avianca, la segunda mejor aerolínea en que he viajado. El servicio muy atento, buen entretenimiento con música y videos, y dos revistas de interés general, con temas de música, video, viajes, fútbol, etc.
Ya para terminar, lo mejor de todo el viaje fue que el avión no aterrizó en Ezeiza, que es a 1 hora y 400 pesos de Buenos Aires, sino que aterrizó en el Aeroparque, en toda la costanera, en toda la ciudad. El acercamiento es por toda la ciudad, sobrevolando el norte de Buenos Aires y viendo una postal impresionante de toda la unidad deportiva de alojará los juegos olímpicos de la juventud del 2018: estadio de atletismo para 66.000 personas, estadio de baloncesto, volley y la piscina olímpica techada más grande del continente.
Y lo mejor de todo, es que está a un bus de 1.60 pesos de cualquier lado de la ciudad, a 10 minutos de Palermo y 20 de Recoleta. Un ahorro tremendo de tiempo, dinero y apenas perfecto para un sábado de fiesta en una Buenos Aires que me recibió con 15°C y me invitó a una fiesta hasta las 8 a.m.
Como decía una canción que conocí en el viaje, de un grupo llamado Tan Biónica: ¡Qué noche mágica ciudad de Buenos Aires!
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