la nostalgia que estos monumentos de concreto albergan,
la frialdad y profesionalidad en su servicio, con la cordialidad fingida del mismo.
Todo hace parte, se complementa y se aumenta, cómo todo en la vida,
con los pequeños detalles, esos que dan sonrisa de idiota,
de esos que generan mariposas en la vía de conecta con la boca.
Y es por eso que amo montar en avión, así sea caro e incómodo,
que la comida sea poca y de sabor de hospital;
y si es un vuelo intracontinental,
ni a pizca de alcohol te van a convidar.
Amo montar en avión, porque el momento de despegar me llena de felicidad,
de mariposas en la panza y la adrenalina propia de otros momentos,
donde la felicidad está asociada a ésa inyección de endorfinas en la cabeza;
tras 6 despegues en 15 días, la felicidad se aumenta cada vez más.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario