Sin duda alguna, a este lado del charco no hay ninguna ciudad tan mágica, tan cargada de cultura e historia tal como lo es Buenos Aires.
La llegada a ésta fue de por si bastante traumática, considerando lo que pasó para tener que llegar más rápido a acá, sin embargo, el sólo hecho de estar acá puede hacer olvidar las vergüenzas pasadas, así que todo si es alegría.
Ya este post lo hago tras los primeros tres, de muchos días que estaré pasando, y es más que obvio que lo primero que debo hacer en mi blog es agradecer la hospitalidad paisa de mi amigo Juancho, quién vive acá mientras adelanta sus estudios en periodismo deportivo. Si antes lo consideraba un crack, ahora si que la rompe él. Gracias por mucho a él.
Bueno, de lo que he hecho en la ciudad de la furia, puede resumirse en un domingo porteño, un lunes de "jet lag" y un martes de vivir la ciudad.
Domingo porteño
Quiénes hayan venido a Buenos Aires un domingo sabrán que no hay mucho qué hacer. La ciudad es muerta, ya que todo está cerrado, hasta los restaurantes. Entonces, ¿qué se hace un domingo en Baires? Bueno, o se va a fútbol, o se va a un parque, o se hace un asado con los amigos o familia; porque no hay nada más qué hacer, y en invierno y con lluvia, cualquier parque queda cancelado.
Así que este domingo, fue una tarde de ver fútbol en la tele, almorzar cocina casera (la primera que tenía desde el 30 de mayo) y tomar cerveza en la casa de un amigo, así hasta que diera la media noche, hora de volver al hostel. En lo futbolístico, bueno, quiénes me conocen saben que en la Argentina apoyo a River y hasta ése día, el Millo estaba peleando el campeonato; estaba, porque yo llegué acá con mi mina de Manaure en la maleta y salé a River.

Domingo de fútbol
Y ya está, terminada la tarde-noche de fútbol, había que volver a la casa. Algo que tiene la tele argentina es que te muestra siempre la temperatura. Esa noche fue volver a casa a unos cargados 5.1°C, además de una vuelta en taxi, un costoso taxi. La ida, en subte me había valido 2.5 pesos, la vuelta 47 pesos. ¡Qué caro el taxi, eh!

De vuelta a casa a las 11:30 p.m.
Días de invierno y jet lag
Extraño hablar de jet lag cuando uno cambia dos horas no más, sin embargo algo sentía mi cuerpo o qué se yo, sólo supe que me levanté a las 3 de la tarde (claro, llevaba 4 noches durmiendo en buses y aeropuertos).
El día si fue totalmente perdido, sin embargo, alcancé a caminar las calles porteñas en lo que es el final del otoño. Se ven lindas aunque desordenadas, y aún así alguien las limpie a las 9 a.m., éstas en 4 horas estarán nuevamente llenas de hojas que ordenadamente se van cayendo de los árboles, para ir denando a éstos casi desnudos
Buenos Aires en otoño.
Para mi esto es extraño, nunca había estado en un sitio con estaciones terminando el otoño; especialmente con Baires, que cuando vine fue en verano, con su sol, sus 42°C y sus árboles poblados de hojas verdes, ésta es literalmente la otra cara de la moneda, es su lado desnudo y humano, su lado susceptible.

Fachada del hostel donde me estoy quedando, en el barrio de Palermo.
Buenos Aires, ciudad de fútbol y Rock
Para quién disfruta del fútbol y el Rock ésta ciudad es tal vez una de las más representativas de todo el mundo. En primera división son demasiados equipos en pocos kilómetros cuadrados; en Rock, no hay mejor plaza para un concierto, y no lo digo yo, o lo dicen los porteños, lo dicen las mismas bandas de Rock.
En medio de este mismo viaje entre dos pasiones, el lunes estuve en la radio con mi amigo Juancho en un programa donde él labura hablando de River Plate. La visita a la radio fue interesante e impactante, además tuvo premio: River Plate, en su categoría Sub17, quedó campeona del mundo tras vencer al Atlético Madrid hace pocos días. Bueno, ese día en la radio estaban tres jugadores campeones del mundo, con los cuales nos logramos sacar una foto; sin duda alguna, esos tres pibes jugarán en Europa de acá a dentro de 5-6 años. Un recuerdo monumental.
Y siguendo con River Plate, el día martes fue de visita al museo del Club más grade de la Argentina. El museo es bastante partícular, pero antes de éste, aproveché para comprar una camisa de éste equipo. Es bastante extraño de admitir, pero compré una camisa talla niño (si, de niño), y jamás una camisa me había quedado tan bien. :$
Del museo, éste es lo más extraño que he visitado; lo normal de estos museos es que sólo hablen del equipo, pero River no, éste museo se centró en hablar de la Argentinidad total. Década por década hablaba, en cuarticos separados, de qué pasó en la Argentina durante esos años, además de mostrar los títulos durante ese tiempo.
En esta conexión, el museo te hablaba de las guerras mundiales, de las guerras y golpes de estado en la Argentina, y hasta de cultura pop. Por esto, en el museo te encuentras documentos de Evita Perón, música de Elvis, Beatles y Lennon, imágenes del Apolo 13, ¡y hasta una réplica de una Flecha Plateada del gran Fangio!

Réplica del monoplaza de Fangio, ambientado en la década de los 50s.
Y de lo que no es museo, sino de lo qué es del equipo de fútbol, monumentos pequeños a los ídolos. Quiero mostrar uno de los más grandes, ídolo en los 30s y 40s de River Plate (parte de la máquina) y del DIM en los 50s, campeón como jugador y DT.
Jose Manuel "el Charro" Moreno. Ídolo de River Plate y del Deportivo Independiente Medellín.
Y finalmente, el mismo museo recoge, en esa suma del fútbol y el Rock, los recitales más importantes que allí se han celebrado. En la imagen y video, recital de los Stones del 2006 en cancha de River. El mismo Mick Jagger dice que como en Baires, ninguna ciudad. Así no les guste la música, vean el video y la energía de la gente. ¡Cómo se vive el Rock acá es tremendo!

The Rolling Stones en vivo en River.
La experiencia con la comida
El día lunes, como a las 12 de la noche me dio mucha hambre, pero como no tenía muchos pesos, tenía un presupuesto muy corto.
Así, caminando cerca al hostel encontré un restaurante que decía que era el de los precios más bajos de toda la ciudad (la sazón del paisita, pero acá). Allí pedí una pizza, lo más barato, algo que apenas valía 15 pesos. Lo confieso, no le tenía fe, pero cuando le di el primer bocado casi me pongo a llorar. ¡Era la mejor pizza que me había comido en la vida!
Lo normal en colombia es que a una pizza me toque echarle pimienta y orégano para que sepa a algo, así esté en las pizzerias caras como Olivia, me toca. Bueno acá no, la pizza tenía la cantidad perfecta de oregano, laurel y pimienta. Qué delicia.
También con las aventuras, un día fui con Juancho a almorzar llamado el Club de la Milanesa. La milanesa es lo que en Colombia llamamos apanado. Yo pedí algo de carne con Muzzarella encima. Deliciosa, les dejo la fotito

Milanesa de ternera con Muzzarella.
El subte y transporte público
Montar en metro, acá Subte, es siempre chévere, aunque el de acá tiene ciertas particularidades. La primera es que es muy barato, apenas sale en 2.5 pesos. La otra es que la gente de monta a vender dentro del tren (no me había pasado ni en Medellín, Madrid o Valencia).
La tercera es que se montan unos músicos superdotados a tocar en el subte. Muy chévere ver arte hasta en estos rincones, lo triste es que estos podrían estar triunfando musicalmente, pero el mal gusto de la gente no le da oportunidades a estos artistas. Si, también acá, como en Colombia.
Del resto de transporte público, odio montar en bus, es largo, hace calor, pero es muy barato acá, sale a 1.7 pesos. Sólo que hay que tener como la "tarjeta cívica" llama Sube. Esa la saco esta semana, para poder aprovechar del transporte público a bajos precios de Baires.
El dólar Messi
Ahora mismo, revisando en Interner, el cambio oficial del dólar es de 1 dolar por 5.34 pesos. Jajaja. Bueno, la verdad es que así no es, de hecho hasta hace uno o dos meses, el dólar se llegó a cambiar en la calle a 10 pesos, por esto lo llamaban el Dólar Messi. La verdad es que ya no está tan alto, yo pude cambiar dólares a 7.8 pesos. El primer día había cambiado a 6, pero como sabía que la cosa estaba grave, sólo cambié 3 Jackson, hasta poder cambiar a lo real de la calle.
Mi consejo, no cambien ni en el aeropuerto ni en los bancos. Feo decirlo, pero así es la cosa.



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